lunes, 4 de enero de 2016

Energía: la piedra angular de la economía futura

Puede que el título ya de por sí sea un completo error. La energía ya es la piedra angular de toda economía nacional. Basta con mirar la desaceleración de la economía China y su repercusión en el mercado energético. Y se nota, porque China es un excelente importador de gas, y los efectos de la burbuja China se notan en las fluctuaciones de precios del crudo y del gas. ¿Y por qué existe esta repercusión? Porque China no es energéticamente independiente. Es un excelente importador de gas GNL y si su economía se resiente, se notará en su consumo energético.

Desde el siglo XX la independencia energética es uno de los primordiales objetivos que todo Estado busca con el fin de alcanzar un buen equilibrio presupuestario. Es, cuanto menos, interesante analizar la evolución del mercado energético durante los últimos 100 años. Desde el aceite de ballena, al carbón, el petróleo, el gas, la energía nuclear, la energía solar, la energía eólica,… Puede que el lector se sorprenda de la brusquedad de muchas declaraciones que haré en este artículo. No puedo hacer más que pedirle disculpas.

La independencia energética es primordial, en especial ante contextos de crisis que estamos viviendo en el mercado asiático y que ya hemos vivido en Europa y Norteamérica. No podemos negar tampoco que el Cambio Climático, con la recién aprobada ley en París, es también objetivo primordial de la humanidad, pero no son incompatibles. No voy a defender aquí ni el crudo ni el carbón. España no es fuente de estas materias primas y existen numerosas alternativas. No obstante, me siento con la obligación moral de advertirle, estimado lector, que somos el único país con reservas probadas de petróleo y nos oponemos a su explotación. No fue el gobierno quien se opuso, sino la propia gente.
La energía nuclear se convirtió en un tema candente a raíz del suceso de Fukushima. Este suceso permitió dividir a los países en dos grandes grupos: por un lado los defensores de la energía nuclear (Francia) y por otro lado los asustadizos de la energía nuclear (Alemania). Estimado lector, los accidentes en centrales nucleares son los menos frecuentes en toda la industria energética. Podemos discutir el aspecto de los residuos nucleares, pero no el de los accidentes nucleares. Por este motivo he usado el término “asustadizo”. No podemos ponernos como locos a cerrar centrales nucleares al estilo alemán. Debemos mejorar el sistema.

No obstante, si nos centramos en España la energía nuclear no puede ser la solución a largo plazo. Buscamos una independencia energética, y tenemos dos posibilidades: el fracking y la energía solar y eólica. El fracking es una técnica viable en España. Los estudios sobre los posibles impactos medioambientales ya están hechos, y al igual que en Estados Unidos es mínimo. No se crean esa imagen de mercadillo de ríos salpicados de manchas de crudo y peces muertos. Las empresas estadounidenses llevan años perfeccionando esta técnica, de tal forma que ha permitido conjugar dos aspectos muy importantes: la protección medioambiental y la eficiencia del sector energético. España tiene grandes reservas de “gas pizarra”, similar al gas de esquisto. ¡Aprovechemos las reservas!

Luego está la posibilidad de las energías renovables. A estas alturas el lector puede considerar que no soy muy partidario de las energías renovables. Le recomiendo leer mi artículo “Cuidar lo que debemos cuidar”. Obviamente que debemos encaminar nuestro progreso a las energías renovables, pero no por eso debemos sobreproteger ese sector como se ha hecho en España. Durante el siglo XXI se han concedido cuantiosas ayudas a las energías renovables, que por no ser eficientes, debíamos pagar todos los españoles por medio de la factura eléctrica. Sí, estimado lector, el desorbitado precio de la factura eléctrica española no deriva de la incorporación de un exministro en un consejo de administración, deriva de subvencionar el huerto solar de un señor en Cádiz, que se dedica a ello porque es rentable mientras le demos dinero. Ese famoso “Impuesto al sol” consistió en retirar esas subvenciones. No se paga por tener energía solar, sino que ya no cobras una subvención. Obviamente que el Estado te apoya con una prima en la tarifa eléctrica. Esta medida busca conjugar lo que llevamos comentado varias líneas atrás: el proteccionismo medioambiental y la eficiencia energética.

No deja de ser paradójico que muchos políticos españoles esgriman el argumento de la autosuficiencia energética y después hablen de extender el uso de las energías renovables y aumentar su peso sobre el consumo doméstico. Esta idea es sinónimo de crear un sistema subvencionado completamente por la sociedad española. En un país en el que el objetivo del déficit es imprescindible, defender e implantar esta idea es crear un agujero en el mercado energético español, el cual acabará por derrumbarse y quedar en una ruina, pero una ruina subvencionada por usted, por ese señor de Cádiz y por todos los españoles.

Borja Pérez Díaz



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